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Cuando un niño celíaco come fuera de casa

Por lo general, un niño celíaco comprende que debe cambiar su dieta para evitar sentirse enfermo pero hay ocasiones en las que le puede costar seguir estas directrices. Estos momentos están relacionados con la vida social, al igual que ocurre con los celíacos adultos. Con cierta edad, los niños comienzan a ir a fiestas de cumpleaños de sus amigos, van de excursión, salen a dar un paseo… a lo que hay que añadir aquellos niños que van al comedor escolar.

Es recomendable hablar con el profesor de nuestro hijo y también con el personal del comedor para explicar el problema del niño y asegurarnos de que conocen de primera mano cómo se debe proceder. De la misma manera, cada vez que haya un evento como excursiones o fiestas deberíamos hablar con el centro escolar para asegurarnos de que no habrá inconvenientes.

Cuando nuestro hijo comience a hacer vida social es necesario volver a explicarle en qué consiste la celiaquía y cuáles son las directrices que debe seguir en cada momento haciendo hincapié en que no debe hacer excepciones jamás. Un inocente intercambio de golosinas o morder el sandwich de un compañero en el patio del recreo puede hacer que nuestro hijo tenga síntomas durante varios días.

En el caso concreto de asistir a cumpleaños o meriendas en casas de otros niños es importante que hablemos con los padres para explicarles cuál es el problema de nuestro hijo, especialmente en lo relativo a la contaminación cruzada. Por ejemplo, nuestro hijo puede padecer síntomas si come un trozo de tortilla de patata que se haya hecho con aceite en el que se haya frito algún rebozado con harina de trigo.

Es importante además que no hagamos que nuestro hijo se sienta como un bicho raro porque tenga que llevar la comida de casa o no pueda comer ciertos productos. Es conveniente que hagamos partícipes a sus amigos y compañeros para que se solidaricen con él. Y si a pesar de todo el niño ingiere un producto con gluten, no debemos mostrarnos asustados ni castigarle o reñirle, sino hacerle comprender que no puede volver a suceder.

A la hora de ir de vacaciones, conviene tomar algunas precauciones. Por ejemplo, con un niño celíaco no es tan fácil eso de parar en cualquier sitio para comprar algo que picar así que lo mejor es que siempre llevemos encima snacks o galletas sin gluten. También podemos confeccionar una lista de establecimientos que dispongan de menú sin gluten en el destino que hayamos elegido para evitar inconvenientes de última hora.

Si vamos a comer o cenar en el hotel, es necesario informarse de sus políticas al respecto para asegurarnos de que no habrá problemas, de la misma manera que si realizamos un viaje largo en avión o en tren.

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